ESTAMOS TODOS LOCOS. Eric Laurent

La promoción de la salud en la actualidad impone una exigencia sin límites: el máximo de salud y placer para todos, y por todos los medios disponibles. El discurso de la ciencia opera sobre la demanda del sufriente objetivándola, convirtiéndola en una cifra, insertándola en parámetros estadísticos, en función de los cuales se determinará una serie de estándares que medirán la adaptación o el trastorno mental del sujeto en cuestión.

Mediciones, cifras, escalas de evaluación y protocolos de tratamiento que aspiran a borrar no solo lo más singular de un sujeto, sino también la presencia del practicante en el cuadro, la relación terapéutica, la dimensión de la transferencia o el vínculo educativo, según el caso.

LA NARANJA MECÁNICA, 1971, STANLEY KUBRICK

LA NARANJA MECÁNICA, 1971, STANLEY KUBRICK

Hoy asistimos al desarrollo de una concepción del hombre despojado de sus cualidades, reducido a una cifra. La ideología de la evaluación empezó a aplicarse hace ya varias décadas en la empresa, y más concretamente en la industria, para evaluar y cuantificar el rendimiento del trabajo en función del par coste-beneficio que generaba un determinado producto. Esta ideología, cuya extensión no parece tener límites, se despliega en la actualidad como un tsunami, invadiendo todos los campos y disciplinas, todas las instituciones médicas, educativas y sociales. Para el éxito de esta empresa, que es una empresa de gestión de la población, se precisa realizar previamente una operación: despojar al hombre de sus cualidades.

Se configuran entonces nuevas y amplias clasificaciones que al entrar en el campo social producen inéditas y devastadoras burbujas epidémicas: depresión, ansiedad, ataque de pánico, bipolaridad, déficits de atención, adicciones, autismo, etc. Todos aquellos que conocen las instituciones que conforman las redes de salud mental saben que, a más protocolos, guías y escalas, menor es la clínica que allí se realiza. La evaluación y la medida universal conllevan la disolución de la clínica. Desde este punto de vista, los profesionales de la salud mental (psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales…) corren el peligro de convertirse en simples gestores de casos, es decir, en dispensadores de fármacos, de normas y pautas, de palabras vacías que impiden la escucha del sujeto, impiden que el síntoma hable. Dispensadores de recursos y programas que acaban convirtiendo cada caso en una simple cifra que pasa a engrosar las estadísticas que servirán para implementar nuevos protocolos.

Finalmente, más allá de la industria farmacéutica, ¿qué revela todo ello? Nos muestra que todo este afán clasificatorio enmascara el objetivo real: la supresión de la subjetividad es una vía segura para la patologización y la medicalización generalizada de la vida cotidiana.

En este libro, Eric Laurent hace resonar con fuerza la voz del psicoanálisis como vehículo para ir más allá de la medicalización sistemática que interesa a las grandes farmacéuticas y del creciente mercado de las psicoterapias, en el que se corre el peligro de despojar a las personas de sus cualidades singulares para considerarlas desde una perspectiva uniformizada.

“El discurso psicoanalítico no cesa de devolver a los sujetos a la singularidad de su deseo, de su fantasma, de su síntoma. Es un discurso que subraya el fuera-de-marco del sujeto, su subversión fundamental de las categorías, su carácter profundamente fuera de normas. Cada cual está un poco enfermo, descentrado, desplazado, excéntrico, respecto a toda categoría que quisiera sujetar con alfileres al sujeto.” Eric Laurent.

Prólogo de Xavier Esqué

Estamos todos locos. La salud mental que necesitamos. Eric Laurent, Editorial Gredos, 2014.

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EL TRABAJO SOCIAL DE CASOS, MARY ELLEN RICHMOND

Mary Richmond fue una de las pioneras que teorizó y sistematizó el Trabajo Social, formalizando y racionalizando sus técnicas, sus métodos y su cuerpo teórico. Estuvo a cargo de la gerencia y la administración de una sociedad caritativa, y a la edad de 36 años comenzó a organizar e impartir clases en lo que fue el primer seminario de Trabajo Social en Nueva York. En 1905 fundó la primera Escuela de Trabajo Social, cuya sede se encuentra en la actualidad en la Universidad de Columbia, en Nueva York.

Desde su experiencia abogó por el establecimiento de escuelas profesionales para el estudio del trabajo de casos influenciando en este sentido las orientaciones y el devenir de la profesión del trabajo social desde sus comienzos.

EL ODIO, 1995, MATHIEU KASSOVITZ.

EL ODIO, 1995, MATHIEU KASSOVITZ.

“No existen dos personalidades similares. Pero las diferencias que los separan son comparables a las que distinguen los instrumentos; son las diferencias afinadas en un tono determinado y que tienen entre ellas relaciones definidas.”

Mary E. Richmond (1861- 1928) Nace en Belleville, Illinois, en Agosto de 1861. En 1889 comienza a trabajar como tesorera auxiliar para la Organización de la Caridad de Baltimore. Dos años después fue elegida secretaria general de la organización; allí desarrolló sus ideas, como la importancia de conocer los antecedentes de las personas que necesitaban asistencia social.

Pero, sin lugar a dudas, su notable aporte radica en su temprana contribución al método de la disciplina que desarrolla en dos de sus libros fundamentales, “Social Diagnosis” y “What is social case work?” en los que, en cierta medida, sienta las bases del método: El trabajo social de casos.

En su obra, la autora plantea una serie de fundamentos teóricos que han orientado los modos de «comprender» y pensar la intervención social hasta nuestros días. No obstante, en los avatares de la nueva cultura del capitalismo y los procesos de tecnificación y burocratización contemporáneos se ha producido un proceso de desvalorización y retroceso de aquellas prácticas que consideran lo genuino de cada caso, de cada persona y de cada proceso personal.

En sus trabajos da cuenta de la singularidad radical de cada caso, atendiendo a los procesos personales y a los tiempos de cada persona. Se apoya en el campo relacional facilitando la participación de todos aquellos recursos y profesionales disponibles en el campo de lo social, para dirigir sus esfuerzos al trabajo individualizado de cada caso.

Sus aportaciones fueron fundamentales para el desarrollo del trabajo social porque dotó a la profesión de contenido teórico y metodológico, abandonando los matices puramente asistenciales o caritativos imperantes hasta el momento en la acción social. Sus contemporáneos encontraron en sus reflexiones un referente para abordar las situaciones de necesidad. Frente a las ayudas caritativas, puntuales y espontáneas, comenzó a organizarse y racionalizarse una asistencia a los más desfavorecidos basada en procedimientos y métodos. Este gran salto metodológico y la aplicación de un método en el campo de la acción social originó el surgimiento de nuevas maneras de pensar la atención social en los inicios del Siglo XX. Hoy en día, en los albores del XXI, recordamos el pensamiento de esta mujer, no por melancolía sino más bien por la necesidad emergente de repensar las disciplinas, las instituciones y la función de los diferentes operadores en el campo de la atención social contemporánea.

Referencias:

Conceptos e ideas clave en la obra de Mary Ellen Richmond y la vigencia actual de su pensamiento. 2011, Bibiana Travi.

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