LA CIENCIA OCULTA LA VERDAD: La crisis de la razón científica y sus promesas frente a la incertidumbre

“No es un secreto que el capitalismo ha permeado todos los niveles de la vida. De la misma manera, el discurso universitario ha sido colonizado en gran medida por el mundo de la empresa.”

Las consecuencias de esta operación las vienen denunciando, en distintos ámbitos y niveles, pensadores, investigadores y docentes representativos de todas las universidades del mundo. Por citar tan solo un ejemplo, el lingüista y activista político Noam Chomsky, declara que la inestabilidad del docente, la flexibilización laboral, las fuertes cargas de trabajo, el exceso de creación de puestos burocráticos y administrativos, la exclusión de los estudiantes, así como el adoctrinamiento que se les impone a partir de los créditos para estudios, son consecuencias de la entrada del neoliberalismo en la universidad.*

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EL PLANETA DE LOS SIMIOS, 1968, Franklin Schaffner

En este contexto, es natural que la lógica del mercado (oferta–demanda) regule, en gran medida, el quehacer de la universidad, los procesos de la academia, de la investigación y de su propia proyección social, para convertirse en un mercado del saber. Un mercado donde lo que interesa no es tanto el hecho de producir un saber para llegar a una verdad sino más bien producir acumulación de saberes, datos, tesis, trabajos de grado que no verán la luz, artículos publicables según las exigencias científicas, cuyo programa en la actualidad se sostiene de la estadística, la acumulación y el dato. No podemos obviar aquí, que quien trabaja es el estudiante, que se convierte así en una especie de esclavo moderno según la dialéctica hegeliana. Y en esta inversión dialéctica, frente a la ociosa e improductiva dominación del Amo hegeliano, la laboriosa servidumbre se revela como el origen de todo este progreso humano, social e histórico. La Historia es la Historia del esclavo trabajador, en nuestro caso, la del estudiante (La dialéctica del Amo y el esclavo en Hegel, por Íñigo Martínez).

Entonces, si las coordenadas actuales del saber se rigen por esta lógica neoliberal basada en el mercado, el imperio de la Medida y las servidumbres de los estudiantes e investigadores ¿dónde queda la verdad? ¿interesa la verdad al quehacer científico actual?

El saber oculta la verdad

La verdad queda aplastada bajo el peso del mercado, al que solo le interesa que la producción continúe y no pare; una producción en serie, en-cadena.

En este sentido, la lógica que comanda el discurso universitario contemporáneo ocultaría la verdad, sus efectos y sus implicaciones. Lo que permite concluir que el saber no deja conocer la verdad; el saber hace de pantalla, sosteniendo una relación de ocultamiento de la verdad. El saber (entendido como la acumulación de conocimientos y datos) se sitúa como obstáculo para alcanzar la verdad. Es una tesis algo provocadora pero que plantea una interesante paradoja de la que devienen dos consecuencias.

1)         Saber y verdad quedan irreductiblemente separados

2)         La verdad del sujeto se encuentra suturada por la aparición del saber

Para finalizar este punto, pongamos la emergencia del saber en la actualidad del lado de las producciones científicas. Asistimos perplejos a infinidad de estudios que van desde «El efecto de la música Country en el suicidio», hasta un modelo de dieta saludable para prevenir el TDAH, realizado por médicos de la prestigiosa Universidad de Chicago. Aunque en líneas generales estemos de acuerdo con los efectos perjudiciales que, para la salud, se derivan de escuchar cierto tipo de música (¡¿?!)… hoy en día, no son pocos los detractores, incrédulos y críticos de la evidencia científica y sus promesas frente a la incertidumbre.

La crisis de la razón científica, que encarnó los grandes discursos de la totalidad y el progreso durante la modernidad, está ahora en entredicho.

Una ciencia universal

La razón vinculada a las ciencias naturales nos iba a permitir acuñar un sistema de conocimiento universal, deductivo, compartido y verificable, que nos llevaría al dominio del mundo (natural y social). Un dominio que se traduciría en un apabullante progreso social y económico. Esta concepción moderna tuvo su clímax en el Positivismo, como proyecto de alcanzar una ciencia total, como sistema deductivo que posibilitaría la calculabilidad del universo social. Esta ciencia implicaría el conocimiento de las Leyes que rigen los comportamientos humanos y abriría el camino hacia el predominio del carácter científico en la mayoría de las ciencias sociales durante la segunda mitad del Siglo XX, tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

No obstante, en lo que concierne a la búsqueda de la verdad, podemos sostener que ella misma (la verdad) se sustrae de los dominios de nuestra ciencia moderna, para buscar refugio en los juegos del poder y en el consumo de masas.

La verdad siempre se escabulle

Entonces, para que podamos aproximarnos a la verdad, ha de producirse un cierto atravesamiento. En este sentido, el filósofo y profesor universitario Martin Heidegger (Alemania, 1889) fijó su interés en el concepto de “a-letheia”, que se traduce comúnmente como “des-ocultamiento”. En consonancia, este concepto de verdad como des-vela-miento presupone un esconderse, un oculta-miento, una oscuridad innata a la verdad, “un ocultarse originario del cual procede la verdad”. La verdad siempre se escabulle, se oculta, se sustrae, escapa, miente. La verdad es siempre mentirosa, en tanto en cuanto, hace uso de ropajes, velos y semblantes.

La importancia que atribuimos a este problema sobre la esencia de la verdad (y su relación al saber) se funda en la afirmación explícita del filósofo: el problema de la esencia de la verdad es, en el fondo, el problema de la verdad de la esencia, es decir, de la verdad del ser. Y esto es así, porque para Heidegger, anterior y más originaria que la verdad lógica, de adecuación entre conocimiento y realidad, es la verdad ontológica, entendida ésta como verdad de revelación del ser. Tratar, pues, de fundamentar esta verdad, equivale a posibilitar al hombre un acceso al ser. Su intención no es otra que descubrir en la esencia del hombre esa originaria y esencial vinculación con la verdad del ser.

En el siglo XXI el saber se ha transformado en un objeto

El saber ya no concierne más al sujeto que sabe, sino que se encuentra fundado en una relación de extraterritorialidad con respecto del sujeto. En este sentido, el saber nada puede decir sobre la verdad del sujeto, ya que no compromete al sujeto que intenta saber, bien sea éste estudiante, docente o investigador. De alguna manera, esta operación que obtiene como resultado-producto un saber-objeto ha catapultado, desterrado, lanzado-fuera al sujeto de la experiencia. La dimensión subjetiva es segregada como un resto no-retornable, inasimilable a la experiencia científica actual.

En cierto sentido, este efecto de segregación es consustancial al quehacer científico en la actualidad. Sin embargo, a nosotros, ocupados en disciplinas del campo de lo social, lo que nos interesa es poder re-introducir al sujeto, su verdad y su complejidad tanto en el campo universitario como en el campo de las prácticas institucionales.

*Aportes de la Teoría de los Discursos y del lazo social de Jacques Lacan al contexto universitario actual. Esteban Ruiz Moreno

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