4 respuestas a Marcar un límite a la voluntad terapéutica. El ejemplo HOUSING FIRST

  1. Karina dijo:

    Buenas tardes, gracias por el artículo. Bajo mi punto de vista la encrucijada entre voluntad terapéutica, y “acto social” es en realidad la disyuntiva entre control social y acompañamiento social. No es algo negativo la voluntad terapéutica, porque va más allá de lo asistencial, y más allá de la intervención social, pero nunca es terapeútico imponer, exigir , doblegar la voluntad de la persona, inspeccionar y controlar. Todos ellos actos de control que humillan y denigran, que tratan al adulto como si fuera menor o irracional. Todos ellos actos que dañan y por lo tanto son lo contrario que terapeúticos. Todos ellos exigen sumisión y docliidad, perverso pago para un techo y una comida caliente. Actividades por tanto NO TERAPEUTICAS SINO DAÑINAS que deberían ser totalmente erradicas de la intervención social y terapeútica.
    Karina Fernández D’andrea

  2. interabide dijo:

    Si Karina, tienes razón, la voluntad terapéutica no sería mala en si misma. Sobre esta cuestión caben diferentes miradas. Por un lado es una manera de denominar esto que señalas como voluntad de poder, no obstante en determinados casos esto se desliza a una voluntad sin límites de “tratar e intervenir”, ¡darle un tratamiento e intervengamos! eso sí, por su “bien” y por su “salud”. Entonces, sí podríamos afirmar que en algunos casos la voluntad de curar (furor sanandis) de algunos profesionales opera como obstáculo. El deslizamiento como señalas al orden público y al control social es evidente… Por otra parte, me parece interesante la diferencia que planteas entre control social y acompañamiento, no obstante vemos como en multitud de ocasiones se utiliza la palabra acompañamiento para controlar a personas. Un abrazo!!

  3. Buenas compañero. Lo cierto es que aún tengo ganas de escribir sobre aquella conversación. Salieron muchas cosas que me parecen especialmente “jugosas” para el debate… Muy de acuerdo con el enfoque. En muchas ocasiones la dimensión terapéutica (como intencional y, en mi opinión, interesadamente, se está entendiendo en el ámbito sobre todo de la exclusión social) tiene como fondo una condicionalidad y un ejercicio de direccionamiento de las vidas de las personas atendidas por gran parte de los dispositivos sociales.

    En este caso creo que se trata de una doble perversión. La perversión de lo social (como un espacio que pretende generar transformaciones preconcebidas y prediseñadas sin contar con las personas destinatarias de estas transformaciones) y la perversión de lo terapéutico (entendida como una herramienta de manipulación para generar las transformaciones deseadas).

    También me alerta por cuanto no deja de ser una responsabilización individual de situaciones de dificultad en las existe evidentemente una dimensión individual, pero en las que no se aborda en la responsabilidad social. Con estas estrategias el único que tiene que cambiar es el individuo en exclusión y no la sociedad que excluye.

    En el trasfondo del debate que planteadas creo que es importante hablar de algunos elementos. En concreto es importante hablar momento en el que nos encontramos. Un tiempo de institucionalización de las prácticas sociales que estamos viviendo los proyectos que desarrollamos desde muchas de las organizaciones del sector. De algún modo estamos muriendo de éxito. La generación de sistemas de atención de responsabilidad pública en el ámbito de la exclusión es uno de los sueños que hace no muchos años parecían imposibles. Sin embargo el cómo se desarrolle este proceso puede dar lugar a propuestas muy diferentes. En este sentido coincido contigo en que en muchas ocasiones los diseños son de arriba hacia abajo y la voluntad transformadora se transforma en deseo de cambio de las personas para lograr los resultados prediseñados por cada proyecto.

    Como propuestas me parece importante entender que todos los proyectos y sistemas de atención deben tener en cuenta los espacios sociales de humanidad (como señalas), de gratuidad y de acogida. Es cierto que en muchas ocasiones, en determinados momentos con determinadas personas y colectivos (y en muchas fases con nosotros y nosotras mismas) lo mejor que podemos hacer es únicamente estar sin condicionar y sin buscar otra transformación que la aceptación y el estar cerca.

    Parece importante entender estos sistemas como espacios continuos con diferentes niveles de exigencia basados siempre en el consentimiento mutuo y, en la medida de lo posible, en la construcción compartida. En este punto creo que por muy bien que diseñemos estos espacios si no están las personas destinatarias participando en ellos, cada uno en la medida de lo posible, no van a ser espacios transformadores, sino tan solo diseños sociales (propuestas bien-pensadas de mejora).

    También si no son espacios comunitarios abiertos y pensados para cada sujeto pero también para las comunidades y sistemas que implica la vida de cada sujeto y cada proyecto pueden seguir aplicando esta lógica individualizadora que anteriormente mencionaba.

    Finalmente en el marco de la reflexión sobre acompañamiento me parecen sugerentes propuestas que planteas como la de Housing First. Cada vez más en algunos contextos escucho propuestas en las que las figuras que acompañan tienden a desaparecer. En el ámbito de la discapacidad física, por ejemplo, son varias las propuestas de organizaciones a nivel europeo que piden que sean las propias personas quienes deciden a través de “cheques servicio” que servicios desean y quien los desarrolla. También algún estudio a nivel de cooperación internacional el ámbito de la educación llegaron a confirmar que no hay diferencia significativa en el aumento de la escolaridad entre programas que condicionan la aportación de dinero a una serie de requisitos o aquellos que no incorporan esos requisitos. Son propuestas que, ante diseños sociales como los que hemos descrito, plantean que, quizás en ocasiones, sea más “rentable” ofrecer los recursos sin incorporar mediadores… Ciertamente tiene sus riesgos y habría que pensarlo en profundidad. Pero también nos tienen que re-mover estas propuestas para ayudarnos a repensarnos como proyectos de pretendida transformación social.

    Queda en el horno desde aquella charla, al menos, un debate en torno a la importancia de la autenticidad en el ámbito de las prácticas sociales…. Abrazo!!

  4. interabide dijo:

    Genial querido Raul, tenemos pendiente continuar con esta conversación ya que hay muchos hilos de los que tirar. No obstante, tanto en HF como otras propuestas de este estilo, no se trata de hacer desaparecer a los profesionales sino más bien de buscar la distancia apropiada entre éstos y las personas que atienden. Un abrazo y seguimos conversando…

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