YA NO HAY “GAME OVER”: SPRING BREAKERS Y LAS ADOLESCENCIAS

El fenómeno Spring Break (Vacaciones estudiantiles de primavera) se da en muchos lugares del planeta. Y Harmony Korine (California, 1973) lo registra a la manera de un videoclip. El montaje de las imágenes y la música es propio de la MTV, es Disney Channel, es un anuncio de Cola. El discurso del que se apropian estas adolescentes es, aparentemente eso: un “break”, un corte, para poder gozar sin límites. ¿O quizá no?

SPRING BREAKERS, 2013, HARMONY KORINE.

SPRING BREAKERS, 2013, HARMONY KORINE.

“En palabras de la cultura popular americana, un Spring Break nos remite, a su vez, al inicio de la primavera. Ese tipo de atmósfera permite sondear algo que me apasiona: la violencia y el horror que rondan bajo la superficie de la cultura estadounidense.”

(Harmony Korine)

Es decir, del inicio de la primavera a los impasses de las adolescencias, aquello que permite a los jóvenes transitar hacia la adultez, reactualizando sus interrogantes sobre el cuerpo y su satisfacción ¿Quién soy yo para el otro? ¿Cuál es mi deseo? ¿Cuáles son mis límites?

La palabra “break” también nos remite a un lapso de tiempo, un tiempo necesario que hay que transitar. No obstante se trata de un tiempo que necesita, para poder desplegar sus efectos, discurrir por fuera de la Ley. Un tiempo que es Otro, extranjero, que reenvía a cada adolescente hacia un espacio de cierta impunidad (video-game). Que no nos sorprenda entonces que estas jóvenes pongan en riesgo sus vidas, porque se trata justamente de esto. La manera en la que cada adolescente va a ser capaz de inventar “algo” para hacer con aquello que se le presenta como un “corte”, un abismo subjetivo hecho de horror y de violencia que hay que atravesar por fuera de las leyes del Mundo. Y para llevar a cabo esta operación, cada uno de nosotros necesitamos poner algo en riesgo. Toda adquisición de saber tiene un coste subjetivo ya que pasa por la experiencia de uno mismo. Hay pues que pagar un precio.

Se trata entonces de la emergencia de un tiempo subjetivo, que no es igual para todos, donde cada uno de nosotros podamos equivocarnos, un tiempo donde poder ensayar diferentes alternativas de vida. Esta búsqueda, como todo el mundo sabe, no es sin arriesgar “algo” del orden de la vida, y la muerte. De alguna manera hay que morir un poco, ceder algo de lo vivo, para devenir adulto y entrar en la dimensión de la política del Mundo. Y lo que nos muestra este film es que muchos jóvenes deciden hacer esto solos…

El pasaje al acto

¿Cuál es la solución para estas jóvenes? atracar un drive in. Pasamos al acto, carretera y pistolas. Y Harmony Korine nos muestra como ellas lo viven. No hay lugar para la duda. No hay lugar para interrogarse más allá de la culpa. ¿Qué hay de lo prohibido? El film nos va arrojar esta pregunta a la cara, interrogarnos acerca de los límites de la prohibición en la época en la que TODO es posible.

Las elecciones

Y ¿cuál es la solución particular para cada una de estas jóvenes ante ese TODO que se les presenta?

Un TODO, con mayúsculas, encarnado por un sujeto llamado Alien. Un todo desconocido. Un objeto extraño. Un TODO que no reside únicamente en el exterior sino en el interior de cada una. Aquí reside nuestro interés por esta película. Además de retratarnos ese impasse adolescente, esa brecha que en todo adolescente encontramos, se nos presenta lo singular de cuatro adolescentes para y con el siglo XXI. Es decir, hay que estar atentos a los nuevos signos que aparecen hoy en día entre nuestros adolescentes. Y en algunos de esos signos, grandes preguntas:

¿Por qué la elección de dos de las protagonistas (Candy y Brit) no encuentra freno? ¿Qué ocurre en la adolescencia en el 2014 cuando este acceso a TODO es un modo de dirigir nuestra vida y aparece como imperativo asumido en todas las esferas de nuestra cotidianeidad? De lo cual, podemos derivar otro interrogante: ¿Y si uno no encuentra ninguna barrera para “prohibirse”?

Quizás el TODO se convierta en NADA. Un vacío que no será llenado por ningún objeto. Un vacío que, si bien, habita en todos nosotros, y se hace muy patente en la adolescencia, hay que hablar de él aunque no se encuentren las palabras. Y en el caso de estas dos protagonistas, no hay discurso. Sólo actos sin significación. Actos que más allá de significar rebeldía (por ejemplo, en otros adolescentes), en este caso, son un circuito de pasos. Pero, ¿hacia qué lugar les conduce? Quizás para ellas no haya nada ni nadie que las agujere. Es decir, nada que las toque. Su cuerpo bien podría ser un maniquí-maquina, un objeto. Entonces, cuando el cuerpo no es cuerpo, y la palabra no es discurso, ¿con qué nos encontramos?

En ellas encontramos un más allá de los límites; no tienen bordes. Entonces, podemos plantearnos esta cuestión: ¿se puede agujerear un vacío? Habrá, por tanto, que estar atento a las respuestas particulares de cada adolescente; qué nos dicen de sus pasajes al acto: ¿son un pasatiempo sin “game over” o una respuesta concreta y articulada en su singularidad ante ese vacío que les invade?

“Cuando era adolescente, había una frontera entre lo que podíamos hacer y lo que estaba “prohibido” bajo pena de pasar por un “vendido”. Tengo la sensación de que el primer reflejo hoy consiste justamente en venderse. El sueño es vivir en público.” 

Harmony Korine

INTERABIDE ASOCIACIÓN EDUCATIVA

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