CUADERNOS DE CINE: BLUE JASMINE, LA REINA DE UNA ILUSIÓN

El mensaje de Blue Jasmine es desolador. Cuando el resplandor de los focos se acaba, cuando caemos en el agujero de la desgracia- la de cada uno-, puede que ya no haya salida. Esta es la condena insondable que atraviesa el mundo de Jasmine.

BLUE JASMINE, 2013, WOODY ALLEN.

BLUE JASMINE, 2013, WOODY ALLEN.

Una escena escalofriante la que nos plantea Woody Allen en su última película. Personas perdidas en los intersticios de su relación “fatal” con su propio deseo, sus ideales y sus anhelos. No hay nadie a quien poder acudir, ni la familia, ni los amigos, ni las instituciones. Jasmine ha quedado caída, perpleja ante la pérdida del mundo que conocía. El ambiente exquisito y delicioso de una Nueva York decadente, corrupta y superficial donde la protagonista encontraba el reconocimiento y la mirada de aquellos ante los que podía resplandecer; su estatus social. Una atmósfera que para ella tenía el sentido y la verdad necesarios para hacer consistir la ficción de su lazo social. Es inevitable que esta mujer nos recuerde a la Blanche Dubois de Un tranvía llamado deseo (Tennessi Williams, 1948). Una dama sureña con delirios de grandeza, refugiada en un mundo inventado, presumida y desequilibrada.

Tal y como nos muestra el film, este mundo es mera ilusión: semblante vacío. Una ficción que remite a la identidad del sujeto como un constructo imaginario y frágil. En nuestra sociedad la identidad debe construirse únicamente a condición de poder ser desmantelada en cuanto la situación así lo requiera. Ha de ser, por lo tanto, susceptible de cambios y transformaciones, en función de la demanda y de la oferta del mercado de consumo. Así, la identidad debe permanecer flexible para en cualquier momento devenir basura, y poder reciclarse para construirse una nueva, con los desperdicios de la anterior. Deshacerse de la identidad que ha quedado obsoleta, caduca, para procurarse una nueva en función de las últimas tendencias y las exigencias de la moda de “última temporada”. Una identidad más cómoda, más cool y más seductora, una identidad “take away”. Lista para ser usada y desechada inmediatamente.

Ya no hay puntos de referencia constantes ni sólidos. El individualismo moderno nos dice que cada uno de nosotros podemos determinar nuestros propios límites conforme a nuestra propia voluntad, a nuestro libre albedrío. La autonomía es uno de los significantes amos de nuestra época. Todos somos ahora responsables de nuestra vida, de nuestro futuro y de nuestra particular manera de gozar. Cada persona tiene la obligación de ser feliz y la misión de dar un sentido a su vida, un sentido que ya no depende de causas externas. Recae entonces en cada sujeto la obligación de auto-crearse su propia vida, su identidad, de manera solitaria y autónoma.

Sin embargo estas identidades que se construyen en solitario resultan de una extremada vulnerabilidad y precariedad. Y cuando la frágil identidad eclosiona, el sujeto se precipita irremediablemente por un agujero. Tras la explosión de su mundo, Jasmine pasa a ocupar un lugar muy diferente al del lujo y el brillo de los salones y los cócteles de Nueva York. Sin destino y sin esperanza. Ya no hay nadie con quien poder hablar.

INTERABIDE ASOCIACIÓN EDUCATIVA

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