¿POR QUÉ ESCRIBIR SOBRE ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO?

Cuando nos juntábamos a conversar sobre el acompañamiento terapéutico surgían una serie de comentarios*: “En el centro de salud si bien es posible pensar, discutir e intervenir con otros, no hay tiempo para sentarse a sistematizar lo que hacemos (…) Yo puedo hablar con mis compañeros pero no puedo escribir con ellos (…) A veces las mismas discusiones entre profesionales se producen en los pasillos o en algún momento donde nos cruzamos, generalmente en el almuerzo (…) A nosotros mismos se nos hace difícil sostener los encuentros quincenales que propusimos para discutir el trabajo realizado con las familias y pacientes más complejos. Siempre algún miembro del equipo no puede asistir porque tiene algo más urgente y grave que atender. En este contexto, resulta casi imposible destinar tiempo para documentar lo que hacemos”.

Suspender por un momento la inercia al vértigo y poder pensar.

Así, a partir de un detenimiento en los comentarios, elaboramos el problema de la documentación: en trabajos desarrollados en escenarios de incertidumbre, con personas en situación de extrema vulnerabilidad y en medio de jornadas desbordantes que implican todo el tiempo probar, inventar, ir tanteando, ir, venir… documentar lo que uno hace se vuelve imprescindible.

De allí que sea bastante común el hecho de que quienes llevan a cabo tareas en esas condiciones de trabajo, en algún momento demanden a agentes externos modos de registrar, sistematizar, volver visibles… todo ese conjunto de saberes y haceres que han sido capaces de crear y poner en práctica como producto de su experiencia. Ya sea para que algo de eso quede, como para ponerlo en común y a disponibilidad de sus pares.

Pero íbamos más allá en los comentarios y surgían nuevos interrogantes: ¿por qué el imperativo de escribir? ¿Por qué escribir unas notas, un artículo, un texto o lo que fuere sobre el acompañamiento? ¿Solamente porque lo escrito (vinculado al imaginario de la letra, del documento, lo formal, racional, jerárquico), en comparación con lo hablado (asociado al imaginario de lo informal, espontáneo, etc.), posibilita documentar y sistematizar mejor una práctica? ¿O también por algo más? ¿Cómo se vincula eso con poder pensar?

En este sentido, formulamos una hipótesis: decimos que, además de su valor documental o de archivo, la escritura permite abrir condiciones de pensamiento y elaboración de una práctica a partir de producir una lentificación.

Esto es, aparte del trabajo en las condiciones de urgencia mencionadas, la vida en sociedades en las que entre el mercado y las tecnologías de la comunicación construyen las percepciones del tiempo, del espacio y del otro, es por lo general una vida instantánea, ansiosa, en presente continuo, en la que transcurrimos con la sensación del apuro y el acelere constantes, en la que parecemos estar siempre “corriendo”.

De modo que para nosotros cualquier instancia que implique suspender por un momento la inercia al vértigo y generar espacios y tiempos autónomos, abre condiciones de pensamiento y elaboración.

Que la escritura produce una lentificación, entonces, quiere decir justamente eso: que por su misma materialidad –distinta a la del habla- requiere de una temporalidad que, entre otras cosas, conlleva sentarse, detenerse, conectar ideas, pasar en limpio, leer, borrar, reescribir, predisponerse de otra manera; en suma, ABRIR UN TERRITORIO DE PENSAMIENTO EN TORNO A ALGO.

Valeria Marani, licenciada en Trabajo Social.

Juan Manuel Sodo, licenciado en Comunicación Social.

*PARA CONTINUAR LEYENDO EL ARTÍCULO: Acompañamiento terapéutico y trabajo social en un centro de salud. Valeria Marani y Juan Manuel Sodo. Revista Cátedra Paralela. 2010.

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5 respuestas a ¿POR QUÉ ESCRIBIR SOBRE ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO?

  1. interabide dijo:

    Fantástico artículo de Valeria, trabajadora social, donde nos muestra como abrir territorios para poder pensar. A partir de la escritura, tan importante en nuestra práxis. Suspender la inercia al vértigo, detener la urgencia del acto profesional, y poder pensar: poder interrogarnos sobre la mejor manera de acompañar a una persona.

  2. Jorge Lastra dijo:

    Desde luego , este artículo nos vuelca a interesantes preguntas: ¿ por qué me supredito a una urgencia que viene dada por un sistema que nos obliga a realizar actos en microsegundos? No estamos actuando de esa forma como meros animales de laboratorio expuestos a un condicionamento pauloviano? Dónde queda nuestra capacidad como seres hablantes?
    Por tanto, habrá que volverse responsable y tomar el tiempo ,lentificándolo, para dar salida a nuestra palabra y a la escritura.
    Muchas gracias Valeria e Interabide

    • Interabide dijo:

      Tomarse un tiempo… pero no cualquier tipo de tiempo.

      Un tiempo para comprender.

      Un tiempo que es Otro.

      Un tiempo entre el instante de ver y el momento de concluir.

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