LO COMPLEJO COMO ORIENTADOR DE NUESTRA PRÁCTICA.

Nadie dijo que fuera fácil…

Dicho popular.

Frente al reduccionismo imperante, a la idealización de lo simple y a la banalización contemporáneas, debemos en nuestra práctica orientarnos hacia lo complejo.

Incertidumbres del espacio y el agujero.

Efectivamente, como dice la canción, “nadie dijo que fuera fácil”. Es muy posible que dedicarse a la atención social sea una de las profesiones más complicadas que existan. Trabajamos con personas. Hay pues que tomar muy en serio aquello que de la dificultad subyace en el ámbito de la atención a las personas.

Cuando hablamos de la atención a la persona, la otredad, el acompañamiento social, la relación, la transferencia o la noción de sujeto, estamos tratando con unas cuestiones que implican una gran complejidad, ante la cual no debemos retroceder. La dificultad es consustancial al ser humano, y debemos pues ser capaces de afrontarla y de incorporarla a nuestro trabajo.

Por suerte, no estamos solos en esta tarea, quien más quien menos cuenta con un equipo de trabajo o, en su defecto, habrá que recurrir a aquellos autores y colegas que han sido capaces de aceptar el reto de incorporar a su práctica ideas, conceptos y metodologías que puedan orientarnos en nuestro trabajo.

Pensar, como diría Claude Bernard,  que el objeto de  nuestra disciplina es la persona en su inquietante complejidad, nos sitúa ante los grandes interrogantes del mundo contemporáneo.

Esta mirada hacia lo complejo nos invita a actuar como investigadores incansables, y a no ceder ante la banalización y la simplificación de las prácticas sociales en la actualidad. Unas políticas sociales que se nos muestran, en no pocas ocasiones, fascinadas por los números, las cifras y la gestión, y donde las cuestiones verdaderamente vinculantes desaparecen de la escena de la intervención social.

Pero el educador social, honesto y valiente, no debe dejarse embaucar por estas políticas simplistas. Debe pues saber que el objeto de su trabajo, la persona en su inquietante complejidad, no es algo que pueda abordarse de manera sencilla y reduccionista. Más bien, cada caso supone un reto, y requiere de un saber que aún está por construirse, y que debe contar con el propio saber del sujeto y sus invenciones particulares.

Este educador sabe, por su práctica, que no existen ni soluciones fáciles ni manuales de intervención aplicables a cada caso concreto. Cada persona atendida es distinta.

INTERABIDE ASOCIACIÓN EDUCATIVA

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